Numerosos cuadros plasman un espacio tridimensional y juegan con la profundidad para dar ese aspecto, de tal forma que al observar el lienzo podemos saber la proximidad de las partes que lo componen, qué está más cerca de nosotros o qué está al fondo.
Pero ¿y si 'llevamos a la realidad' lo que vemos en el cuadro? ¿Y si jugamos con la profundidad de otra manera?¿ Y si hacemos al espectador partícipe?
En esta publicación puedes ver como hemos llevado la obra a la realidad.
Nuestra propuesta se basa en 'sacar' los componentes del cuadro y hacer que el espectador se sumerja en el escenario. De esta forma, la obra se presenta de frente al espectador, como si fuera un cuadro. Posteriormente el observador podrá girar en torno a ella. Es decir, una persona delante de la obra:
Realmente:
Esto nos permite ver elementos ocultos en la obra, ya que podemos ver desde diferentes perspectivas el cuadro.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con la tecnología? Gracias al avance tecnológico podemos esculpir en 3D como si de arcilla o mármol se tratase, dando forma a nuestras ideas. Posteriormente usando tecnologías de impresión 3D podemos llevar a la realidad nuestra idea. Esto es lo apasionante y mágico. Incluso podemos usar materiales con distintas características y crear obras únicas.
Existe una dualidad cuadro-escultura. La obra está formada por dos partes, el cuadro y su representación en tres dimensiones.
Aquí también es importante el elemento artesanal. Una vez la obra es esculpida e impresa, se debe procesar y trabajar para alcanzar el punto final, esto entre otras cosas supone pintar y darle su esencia haciendo que cada obra sea única.